18/3/11

Te quiero

18/2/11

Cosas y sonrisas

¿Por qué deje de escribir? No lo sé. ¿Por qué he vuelto a retomarlo (poco a poco)? Tampoco lo sé. Es de esas cosas que pasan sin más, como tantas suceden en la vida. Y tal como pasan, debes de aceptarlas.
Otras en cambio pasan porque peleas por ellas, porque luchas por conseguirlas. Y, cuando suceden, un algo te invade. Algo parecido al típico tópico de esas "mariposillas en el estómago" cuando tienes enfrente a esa chica que te vuelve loco.
Pues esas mariposillas de nuevo aparecen. Cuando crees que en ocasiones estás perdiendo el tiempo. Cuando crees que lo que haces no va a servir para nada. Cuando, haciendo lo que más te gusta, algo que hace que las horas vuelen porque es tu pasión, crees que se va a esfumar, que todo el empeño y esfuerzo que has puesto van a ser de nuevo unas palmaditas en la espalda, te das cuenta de que por fin, aunque temporalmente, alguien ve lo que otros no supieron ver.
Y no puedes evitar volver a casa con una sonrisa en la cara...


PD: Y con cambios sucediendo, el blog también ha cambiado. Nunca viene mal un lavado de cara. Disfrutadlo.

17/2/11

Buenos días

La mañana empezaba a hacer su aparición. El sol atravesaba las rendijas de la persiana, dibujando figuras por el cuarto. Abrí los ojos y ahí estabas, dormida, en calma, como si el mundo se hubiese parado. Nos habíamos dormido abrazados, tras dejarnos llevar por el frenesí de la noche anterior. Te miré. Respirabas tranquila, plácida. Era imposible que nada perturbase tus sueños. Éste, como tantos otros, era uno de esos momentos en los que me encantaría poder meterme en tu cabeza y saber qué estabas pensando.
Me escurrí de la cama sigilosamente para no despertarte y ya de pie, te volví a mirar. Todo había entrado en una misteriosa conjunción creando una atmósfera mágica. Y es cuando me fije en tu pierna, desnuda, hermosa, a medio cubrir por la sábana. Sin hacer ruido me dirigí a por mi cámara para atrapar ese momento.
- Al menos este momento será mío para siempre- pensé.
Tras esto, volví a meterme en la cama, me abracé a ti, y el sueño comenzó a adueñarse de mi y de mis pensamientos, los que me recordaban que hasta dentro de algún tiempo, esa sería la última mañana en la que amanecería a tu lado.

15/8/10

Cambios pequeños, pequeños cambios


Hace mucho, mucho tiempo, demasiado que no me sentaba a escribir, a dejar que mis dedos se deslizasen por el teclado y divagasen sobre cosas comunes, corrientes. A muchos lo común no les parece nada atractivo. Yo creo que en lo común es donde disciernes lo especial de lo que no lo es, y por ello adquiere más valor.
Me encanta escribir. Puede que no tenga la destreza que tiene mucha gente, su facilidad para escribir frases y expresiones rimbombantes, de esas que las lees y dices "Guau". Sin embargo también creo que es mejor no disfrazar a las palabras.
Pero dejaré de divagar ya. Por fin soy licenciado. La verdad, no se siente nada especial. Imaginaba que me sentiría diferente, cambiado. Cierto que me siento orgulloso de lo que he conseguido, de todo lo que he alcanzado estos cinco años, pero no ha sido una alegría desbordante.
Y entonces, llegaba el momento de plantearse cual iba a ser la siguiente casilla de este largo camino todavía sin escribir. ¿Seguiría el camino de baldosas amarillas? ¿O ese no es mi camino, dejando de lado a espantapájaros, hombres de hojalata y magos?. Lo único seguro es que a estas alturas debía de estar en Belfast, en la verde Irlanda del Norte.
Sin embargo, si hay algo que me encanta de la vida, es lo impredecible que puede llegar a ser, y que por mucho que tengas planeado algo, otro algo aparece de repente tirando todos tus esquemas abajo en tan sólo cinco minutos.
Eso mismo fue lo que me pasó y por ello ahora mismo me encuentro en una pequeña habitación entre Tirso de Molina y Lavapiés, a escasos metros de la Casa de Granada y su increíble terraza. Como la del Gaudeamus, otro bonito escaparate para que tus ojos se pierdan en los tejados y estrellas de Madrid. Llegar a ella tras recorrer la calle de Lavapiés y los numerosos restaurantes hindúes con sus olores penetrantes. O poner rumbo a la filmoteca tras haberte perdido por Malasaña, Fuencarral, Gran vía, el Retiro...





Ahora mismo me encuentro en esta habitación, la que va a ser mi refugio durante 6 meses. Todo ello mientras escucho a Gainsbourg. Me encantaría encenderme un cigarrillo para tratar de tener un mínimo parecido con él en este momento, fumar mientras escribo igual que el fumaba mientras escribía sus canciones con BB envuelta en una sabana, pero ne peut pas possible. Una nueva etapa ha comenzado para mi. Me encanta comenzar algo nuevo. Como si fuese una regeneración de uno mismo. Realmente no es que haya sido un gran cambio como lo fue México en su día o podría berlo sido Belfast. Pero todo cambio por pequeño que sea, puede ser gigante. Espero que este lo sea.





19/5/10

Tras cinco años de noches en vela, trabajos en grupo, madrugones, días de biblioteca, montañas de apuntes y subidas y bajadas a los despachos de los profesores, para muchos de los que estamos aquí, ha llegado el momento.

Hace dos semanas, muchos asistimos a nuestro acto de imposición de becas. En apariencia, para nuestros padres sobre todo, ya somos licenciados. Nos queda la parte “oficial”, por decirlo así, los exámenes que realizaremos en cosa de tres semanas más o menos. Pero salvo catástrofes, en junio si va bien, o julio si hemos tenido un pequeño despiste, ya podremos cambiar en nuestro currículum la parte de “estudiando actualmente tal cosa o tal otra” a “licenciado en…”.

Si hemos sido previsores, durante los últimos meses de lo que para unos es una de las mejores etapas en tu vida, nos habremos ido preparando para su final. Habremos mandado cientos de curriculums, nos habremos informado sobre becas, masters, estudios en el extranjero, segundos ciclos, cursos de idiomas…

Hasta que yo no me puse a ello, no me he dado cuenta realmente de que sí, esto se acaba, y voy a afrontar una nueva etapa. Atrás voy a dejar cinco años donde he conocido a gente maravillosa, otra no tanto, he tenido grandes momentos, viajes, risas, tristezas. Cinco años en los que me he ido formando académicamente, pero también como persona. Un tiempo que me ha servido para conocerme mejor a mi mismo, saber que es lo que puedo ofrecer y plantearme unas metas y objetivos.

Pero el ser humano es adaptación, e igual que en su día todos nos tuvimos que adaptar a un nuevo sistema con gente nueva, cuando pisemos la calle como licenciados nos toca adaptarnos a una nueva situación.

Esta situación es lo que yo llamo el “¿Y ahora, qué?”. Es una pregunta que yo me he hecho en numerosas ocasiones, y que seguramente muchos de vosotros también os habréis planteado. Y sobre todo: y ahora con la crisis ¿qué? Si los jóvenes ya lo tenemos difícil para encontrar un primer empleo con unas condiciones ya no normales por decirlo así, sino decentes, algo que no te haga pensar ¿he estado cinco años preparándome para que ahora me tengan explotado como becario llevando cafés sin hacer nada?, ahora, en tiempos de crisis, vemos el panorama aún más oscuro.

Sin embargo, yo soy optimista. La crisis es una cosa muy peliaguda, sí. Seguro que todos aquí conocemos a alguien que ha perdido su trabajo, o ha tenido que vender su casa porque no podía hacer frente a la hipoteca. Vemos en las noticias y leemos en los periódicos que el paro ha subido tanto, y los políticos, los que se supone que tendrían que hacer algo para arreglar esto, utilizan esas cifras (se acercan elecciones y ahora para ellos sólo somos eso, cifras y ver cual es el mejor modo de usarlas) para su beneficio pero sin proponer soluciones reales.

Ya he dicho que soy optimista, y este período de crisis puede venir bien. Ya que de los momentos de crisis es cuando aparecen las buenas soluciones. Nos hemos acostumbrado a vivir en una sociedad en la que hemos tenido todo, y tal vez por esto vemos el panorama muy oscuro. Sin embargo, es ahora cuando realmente podemos poner en práctica todo lo que hemos aprendido estos cinco años, sacarle un provecho real y práctico, no meramente mecánico.

Debemos ser prácticos, como hacen algunas poblaciones del planeta. Para los japoneses por ejemplo, la palabra crisis viene representada por dos ideogramas. El primero significa peligro, el segundo oportunidad. Evidentemente toda crisis tiene su peligro, pero como he dicho antes, trae consigo oportunidades, pero únicamente si sabemos como aprovecharlas.

Albert Einstein decía: “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar “superado”.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo”.

10/5/10

La atracción de lo inalcanzable

Camino atravesando edificios sin red. Estiro la mano para hacerles cosquillas a las nubes. Miro hacia abajo. Nada me impide saltar. Respiro profundamente. Una vez. Dos. Tres. Y me lanzo al vacio. Ha llegado el momento de volar, de liberarme de todas las ataduras que siento sobre mí.

Ya son demasiados años bajo la protección de demasiada gente. Quiero ser el dueño de mis propios errores, de sus consecuencias. No tener ningún colchón sobre el que caer. En ocasiones siento que me gustaría romper con todo, agarrar una mochila y salir, ver hasta donde soy capaz de llegar, qué soy capaz de conseguir.

Sueños en Buenos Aires, Nueva York, Santiago, México… Demasiado inalcanzables pero no imposibles. Lo inalcanzable me resulta a la vez tremendamente atractivo.

5/4/10

Los besos de después del último beso


Me sorprendió que alguien me levantara el brazo en una calle tan escondida, solitaria y oscura como esa. Pese al gramaje de la noche distinguí a lo lejos su intención de usarme. Era una pareja joven, él con una bolsa de viaje a sus pies.

Al detenerme a su lado se abrazaron y comenzaron a besarse. Sin duda era un beso de despedida, de esos que dicen te vas pero no quiero, o quisiera quedarme siempre, pero no puedo. Beso sentido de lenguas que querrían convertirse en ganchos, o sus salivas en Super Glue, o sus brazos en bridas.

Quince ya-te-echo-de-menos después se separaron, pero yo tampoco quería que se acabara ese momento. Por eso, cuando él ya se disponía a abrir la puerta trasera de mi taxi, aceleré.

A través del espejo les noté sorprendidos. Se encogieron de brazos pero al instante volvieron a abrazarse. Mi intención no era otra que dar la vuelta a la manzana y darles más tiempo. Los mejores besos son los que llegan después del último beso.

Y volvió a repetirse la misma historia. Otra vez aparecí por su calle y otra vez me levantaron la mano. En esta ocasión les sorprendió que se tratara del mismo taxi conducido por el mismo taxista que antes se había marchado, pero la rareza de la situación tampoco les impidió despedirse por segunda vez aún con más virulencia que la primera. Y cuando el chico volvió a separarse de ella para abrir la puerta de mi taxi siguió sabiéndome a poco y aceleré de nuevo.

En mi cuarta vuelta a la manzana el chico ya estaba sólo. Entonces me detuve, abrió su puerta, tomó asiento (ahora sí) tras su bolsa de viaje y me dijo:

- Le agradezco de veras los bonus tracks que me ha brindado. Al aeropuerto, por favor.